ENSAYOS + POESIAS + CUENTOS + Anecdotas

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jueves, 10 de enero de 2008

paseos de ciudad

PALMEANDO

Un frió seco según el cartel luminoso desgastado sobre la calle Palma, unos 4 grados desvelada su propia tristeza compartiendo zaguanes repletos de personas perdidas entre el cartón húmedo de alguna televisión de pantalla plana de 32 o mas pulgadas. El silencio era agudo, como el sonido de la tiza que chilla en sus encontronazos con la pizarra desgastada y repintada mil veces en alguna escuela publica de Asunción. La calle estaba serena y emputecida, tenía ganas
De paso en paso observé a un sereno chispear cerca de un brasero recién adquirido recargando un mate improvisado, de unos 30 años, vistiendo ropa oscura y queriendo imponer cierta bravura y miedo a cada persona que quisiera trasportarse a su principado, sus líneas limítrofes eran indudables, y señalaba como conquistadores a los desconocidos que se adentraban en sus dominios temporales.
Reí evidentemente no solo gracias a la escena que me sedujo, sino también al gran grado de alcohol que estaba hirviendo en mi sangre después de una de esas noches de vodka y palabras, de enojos y sonrisas, dado que el punto de fuga de la calle yacía hacia Colon se podía observar las luces de los bares y automóviles con sofisticados aparatos mp3 mp4 o mp21 que repetían la misma canción de moda, mujeres-relámpago que desafiaban al frió con poca ropa y que provocaban a sus acompañantes de horas con bailes de movimientos de caderas y vientres endemoniados, la frecuencia del vaso era constante. Palmeaba (exprimía cada baldosa de las veredas de la calle Palma una y otra vez, en ida y vuelta, interminable) con noción de olvido de la hora, buscando refugiar la vista en calientes focos de propagandas muertas y marcas internacionales que agitaban el clamor de una sociedad que proponía ser mas consumista, tan realizada, de vez en cuando se cruzaba en mi camino en la vereda paralela un par de la Policía Urbana Especializada, observando detenidamente mi vestidura y tratando de cazar como águilas de campo el modelo de mi teléfono móvil para así llegar a la conclusión de que soy mas una presa que un cazador nocturno, arremetí un saludo discreto y con un cierto grado de respeto levantando la palma de la mano, y vociferando en silencio un buenas noches seco para que no sea tan evidente mi estado de embriaguez.
Recorría la perspectiva de los edificios, y jugaba a acariciar las líneas y curvaturas superiores, inalcanzables quizás, tan neoclásicas, de molduras exuberantes y de figuras angelicales, como formadas a propósito para que vean que debajo de ellas es dominio de los demonios humanos, de los miedos arraigados al paseo que busca adrenalina en calles de nadie. Los muros de los edificios se adentraban hacia el interior, tenía esos efectos de desvirtualizar el muro para convertirlo en un tejido frágil y dócil al movimiento. Los colores tan contrastantes, solicitaban una competencia innecesaria por imponerse en la urbi. Me fascinaba los ventanales enormes y puertas hechas a una escala monumental, donde no importa en realidad el tamaño del mueble que ira adentro y pensaba donde había quedado la arquitectura paraguaya si existió alguna vez la arquitectura paraguaya.
Había veces que el silencio se rompía con el estruendo de un tinqui tinqui tinqui tinqui de alguna camioneta vía Iquique tuneada y calcomanías de políticos oficialistas con varios jóvenes azorados colgados por las ventanas buscando desafiar a las putas que yacían en las esquinas luchando contra el ardor del frió, sin antes increpar mi paseo nocturno tan anormal para ellos, lanzándome una de esas botellitas de cerveza de 500cc, lejos obviamente del objetivo, terminaba, quizás me habrá visto doble o triple, como yo a la camioneta.
Encendía un cigarrillo cuando observaba al humo enredarse al contorno de los árboles exuberantes de la plaza de los Héroes, y me aniquilaba la idea de que porque seré el único que contempla tanta belleza estática, tan común tan desapercibida. Llevaba una bolsa de polietileno negra donde reposaban dos latas de cerveza nacional, las había adquirido de esa forma, tan peculiar de empaque, en un panchero ubicado entre Estrella y Nuestra Señora, de un hombre quizás con cara de noche, de nombre Ramón, casado y de unos 40 años, hombre tosco y recio, pero muy buen conversador. Recuerdo que momentos antes se detuvo un Mercedes “faro redondo” que fue llegando metros antes de la ubicación del carrito ya con la luz de stop encendida y bajando la ventana del acompañante, tan automatizado como evidente.
Ramón había quedado hablando con el personaje del Mercedes, y yo bueno, esperando tratar de calmar un poco la sed que me nacía de tantos pasos sin destino, tuve una conversación un poco extraña con Ramon luego, empezando con la inconsciente palabras que tal la noche y sus desmanes que son una de las cosas que nos fascinan a los habitantes de ella. Después siempre desembocaba en el popular achinjaranga de las situaciones económicas del país como el de la familia, casi como buscando que el destino era el promotor de tales cosas mas que las decisiones propias de los humanos.
Retornando a mi paseo pasaba por las paradas de los taxis, que andaban agazapados en sus asientos correspondientes con las manos en las llaves y llaveros raros, en autos que tienden a ser como los Transformers pero por su gran facilidad de desarmarse, dormitando los taxistas mientras la radio de la central aullaba la palabra –se solicita móvil shhhhh, creo que había una concentración un poco ilógica en las paradas de taxis y en el numero de vehículos acurrucados en el centro, ya que solo andaban por ahí las putas, los guardias y yo. Y precisamente yo no los utilizaría.
Me detuve frente a una vidriera de un local de ventas de calzados, observaba uno que otro modelo que sea de gusto personal, aunque me dio pábulo utilizar a mi imaginación para transformar un poco la realidad, entonces noté aquellos calzados que nunca utilizaría, no solo por une cuestión de gusto o estética, sino que por mi identidad sexual claramente establecida y la fantasía me traslado a un desfile de modas en largas pasarelas alfombradas en algún shopping donde yo era la top protagonista
Es notable como la fascinación hacia la tecnología lo cuelga a uno, el deseo de tener uno de esos aparatitos extremadamente complejos con sus libros de instrucciones de 100 hojas y en 20 idiomas, La tecnología si bien se imponía en los negocios de la calle eran siempre iguales, pero en cada local uno configura su deseo y lo alimenta. se concreto el paseo con una conversación con un cartonero de edad similar a la mía… la profesión del progreso… de la modernidad, con su carrito tuneado con cd’s sin uso y plásticos reciclados, que suele oler el miedo de las personas cuando el se acerca a sus basureros, cuando el simplemente comenta que es de extravagante profesión como los politicos mentirosos que le habian comprado la cedula en las elecciones pasadas, una leccion que nunca su estomago pudo olvidar

domingo, 16 de diciembre de 2007

noches de soledad-serie

En el vasto cielo tintinean
los tristes versos

En mi pecho el hueco del
poema del adiós y el final
quedan fotografiados

Llevan al temor, a mucho mas
al encuentro con la muerte
al cantar,
se prolonga
en un sutil despertar

No entiendes nada en realidad
no me debes nada ni en la
prosperidad

En el vasto cielo suenan
los tristes versos

Huye de mi tiempo mi buenaventura
nunca perdí nada sin antes postrar
mi bravura

Que silencio convence al mar
me siento en la orilla escuchándome
confesar.

A tu adiós, a tus pasos, que sucumbieron
Un amor que nunca tuvo lazos de eternidad.


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Tan triste el recuerdo de escuchar
tu voz de artemisa

tan difícil olvidarte en mi sumisa
camisa de ñandutí negro y sal

ahora que estas de mi tan lejos
aun solo ya callado el pecho.

Invoca los recuerdos de ese
Murmullo tuyo viejo.

Que abandono la sonrisa
Por la penumbra y el sabor De tu boca se perdió en la llanura

parte2

En uno de esos días tropecé con el anciano en su búsqueda, y este, aulló al presionar los dedos de sus pies con mis zapatos de gamuza beige como las paredes de la librería, obviamente quede a palmearlo por la espalda mientras arremetía contra mi mismo por ser participe de ese accidente, en voz alta tratando de humillarme para que el librero quede satisfecho, pero en el fondo no importaba mucho ni el pie del anciano y mucho menos humillarme repitiendo que tonto soy.
Salía buscando su aire, ya sin esperanzas de encontrarla en la playa que se volvió calle, respiraba al invierno, confuso y sutil. Fui caminando tomando el camino mas largo a casa, imaginándome su rostro en cada faro del alumbrado publico, cruzando avenidas y calles perdidas, como inventando ciudades y a sus habitantes.
Al llegar, a la casa, frente a la puerta, sentí el zumbido de la realidad que me descoloco en las persianas semi abiertas mirándome desde adentro, y se abrió sin darme cuenta, cuando veo a Soledad, decir

-Te llame, y no respondiste, como siempre.

Con las manos en la cintura y vestida con el camisón azul con flores amarillas, solía ocurrirme que la imaginaba en medio de un circo haciendo piruetas para viejos verdes, que tiraban billetes de 10 mil en busca de su satisfacción visual.

Respondía generalmente con paciencia y de un tono de voz amable y sumisa.

-Es que venia en el 23 y no escuche, mi vida
-Esta bien mi sol, confesaba con complacencia.

Solía seguir prontamente con un beso lleno de pasión mas que de amor, ella sabia que en noches como esas convertíamos el dormitorio en un campo de batalla, en una lucha de a dos, sin tregua y sin descanso, en mano a mano sin ellas, convirtiendo la cama en el ring principal, pero no en el único. Creo que por ello nunca me ha puesto entre la espada y la pared con respecto a esa rara manía que tenia de desaparecer ese tiempo. Quizás estaba satisfecha corporalmente más que emotivamente, quizás estaba como yo, y ella también tenía sus momentos de disolución de esta relación intrépida y sensualmente feliz por fuera. No es que no la quería, la admiraba, era hermosa y una buena madre de clase media, pero no satisfacía las inquietudes de mi corazón, si lo hacia en la cama.
Generalmente después de hacer el amor con Soledad, nombre del cual su madre se había arraigado después de haber tenido una decepción amorosa en la década de los 70 cuando el auge de los hippie y el boggie andaban correteando a escondidas por las calles de la Asunción “de naranjos y flores”, de caperucitas rojas y grupos esporádicos de comunistas leninistas. Comía, si, el hambre era una de esos placeres post-orgásmicos que tenia, eran varios pero este era como el de mas intensidad. Me sentaba sobre el mueble de la cocina viéndola prepararme algún que otro sándwich de tomate y queso con la camisa azul marino que había usado en mis horas laborales que tiernamente fue transmitida hasta ella para que los vecinos no notasen las pecas de sus senos, su piel irradiaba la suavidad como hecha de seda y tulipanes rosados escondidos celosamente en jardines occidentales, con sus cabellos húmedos caídos hacia la frente, se veía tan sensual, tan mujer.
Retuvimos mucho la transmisión del calor de nuestros cuerpos así que el frió ya no luchaba en adentrarse en nuestras médulas. Compartíamos ese momento mientras ella tomaba un vaso de agua de la canilla, mirándome, hablándome con los ojos, llenos de deleite. Sabíamos que todo se reduce a unas horas a un poco de pan, a la luz que ensucia el amanecer en el secreto del silencio que envuelve las escasas razones, los pequeños infiernos. Los días eran recurrentes a veces, jugábamos a ser una familia sub. Urbana en meriendas y cenas con amigos y sus parejas correspondientes, vaya, que eran cenas, donde dominaban mas vinos y cervezas de diferentes marcas, nacionales e internacionales que comida, terminando peleando y deseando a la mujer del otro. Gracias a la apertura de los sentidos por medio del alcohol.
Ahora bien, el rostro de Maria era la que dominaba todo el circuito de mi mente, a pesar de esos momentos de ensayo de familia en una escenografita compuesta y casi sofisticada. Los fines de semana eran eternos, no sucedía como ocurre con muchos paisanos míos citadinos, que lo único que deseaban era que el fin de semana se prolongue aun mas para reforzar los instintos carnales y viciosos, a veces en el afán de reposar por un rato mas y despertarse a las 12 del medio día para frenar lo cotidiano, lo robotico, yo deseaba adentrarme a un vulgar lunes y saber que de allí en mas tendría mis encuentros clandestinos durante 4 días mas con ella. Ansiaba el mar de micros y personas sudorosas que aromatizaban el ambiente en un javorai de perfumes falsificados y a cuerpo. SAbia aun que el sentimiento que me ubicaba junto a ella era solo el hecho de pensar en ella, y que nunca, el destino nos uniria en aquel paseo por la playa paradisiaca del Pacifico. quizas en algun momento fuimos uno, pero no era suficiente mis reverencias hacia ella para seguirla y hacerla volar.

con todas las letras-cuento.parte1

Librería con olor a viejo, titila el hábito cortesano de sus invitados, colados, como el fluorescente del cartel de la calle, que caía muerto, que ironía, era un julio frió, donde la gente usaba la única campera gruesa de corderoy comprada en verano, en alguna liquidación de shopping, tal vez para algún viaje hacia el sur que nunca tuvo salida, o simplemente para rellenar esos espacios vacíos de ropero y profesar a tener más. Volaban estáticas bufandas prolongadas, multicolores y pavorosamente gruesas que formaban parte del cuerpo trepadas como serpientes vivas. Ingrese tácito como siempre a la Librería, en realidad siempre ingresaba como fantasma a las tiendas y lugares públicos, espiando y jugando a ser espiado, mis pasos eran consecuentes y parecía siempre saber hacia donde iba, cuando en realidad, era que me encontraba perdido desde el cruce de los detectores antirrobo y guardias de seguridad.
Escondida entre las paginas amarillentas de los libros de compra-venta posaba como estorbo, Maria, una chica risueña y fina, de cabello castaño y lacio, que leía a García Márquez en la misma plaza a la misma hora todos los santos días, y en los endemoniados también. Sobre ella posaban pósters de ediciones de la década del 50, alguna que otra foto ya despintada de algún héroe de guerra, frases fanáticas de lectura, y sus consecuencias, acompañadas por caricaturas de escritores latinoamericanos que nadie conocía por rostro. Vestía formalmente y de colores oscuros, cualquiera diría que era fanática de alguna de esas iglesias llena de tarados esquizofrénicos que ven un punto en el cielo y en masa se prenden fuego.
El librero era un hombre anciano que propagaba aroma a polilla y masajeaba una esfera de goma amarilla que lo ayudaba a circular la sangre por su ya desbastado cuerpo insignificante, bueno a todos nos tocara. Solía darme cuenta de cómo miraba a Maria, con desconfianza y de reojo, con placer y sometimiento. Sentía celos. Maria rozaba sus manos buscando encontrar la energía de los libros sin descubrir sus palabras impregnadas, olía siempre a libros y a papel de arroz, exquisita, de una mirada tiernamente conmovida por la ultima novela de amor que posaba todavía en su cama de sabanas blancas y ositos de peluche, quizás su única compañía desde hacia ya muchas noches. Sus movimientos parecían practicados y perfeccionados, desde el de sus dedos finos como agujas hilando las hojas de papel, hasta el de sus pies que jugaban al tobogán subiendo y bajando, con un estruendo aparatoso del cartílago del tobillo, le producía cierta satisfacción, se notaba que era el único deporte que practicaba.
Yo parado, detrás del escaparate con la misma revista de ayer, intimidado por los libros gruesos y discos de vinilo que ni el mas sordo de los hombres escucharía, no porque eran de malos autores o por su contenido, sino porque su calidad se había diluido en el tiempo de evoluciones tecnológicas, tenia el mp3 encendido en el bolsillo que gritaba su presencia entre mi pulóver azul marino y mi bufanda negra, repitiendo el eco de la melodía del chill out retorcida con tango y blues.
Solía ocurrirme que siempre parado allí, en ese metro cuadrado perpetuo, “sonaba” el teléfono móvil agitándose entre mis piernas, siempre a la misma hora, siempre la misma voz, y siempre la misma respuesta, el mismo tono, el mismo buzón de voz. No contestaba por temor a encontrar la atención de Maria, era feliz en esos 15 minutos de transparencia, disfrutándola. Además que era caer en un recurso fácil para que me observe, aunque siempre se me batían los músculos del muslo y era una sensación desagradable para la ocasión y el momento mágico.
En momentos solíamos cruzarnos la mirada, y mi corazón se aceleraba como pique en Aratiri y no solía frenar en las curvas, quedaba perplejo y anonadado, encantado, desviaba la mirada hacia la misma revista de ayer, tan aburrida tan desapercibida y volvía al punto de partida. Conquistaba las pocas palabras que asimilaba dibujando con los ojos la figura de Maria, su rostro sus manos sus pies. Como un ñandutí azul tejía mariposas alrededor de ella, la hacia flotar de entre los libros y recordaba el mar que yacía desde hace tiempo en mis recuerdos y que absorbía el invierno aparente de la calle trasladándome a alguna playa paradisíaca del Pacifico, tomados de la mano, Maria y yo. Despertaba con el chasquido amorfito del librero, y con los ojos para adentro discrepaba el hecho de hacerlo de esa manera, y cazaba con la mirada todo el perímetro de la librería, cuando denotaba el Plas! de la puerta de ingreso. Y la ausencia de Maria.

martes, 11 de diciembre de 2007

introduccion al Paseo de la ... y ...

introduccion al Cuento El Paseo de la ... y ....
Pagina 98
2008

"surget et ambula"
mas vulgar como exitoso.


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toc toc...
canto el miercoles...
Amor?


tus mismas sensaciones se perdieron
cuando diste vuelta en el cielo...


tu mismo puerto se mudo de orilla...
y pretendes que te busque
mirando desde una escotilla...

ahora resulta que soy yo
el dueño de tu desgracia...
sin que tu misma gracia
sea la protagonista...
de tal falacia.

Mientras las arenas de la playa cambian
cambia el corcel y el atardecer..
cambia el ego y el mundo entero...

su ego mayor fue la importancia
y se olvido luchar por lo que
era su vestidura... que en realidad
no le importaba una verdura.

Palabras de otros la convencieron
y como tantas cosas sin lazos fueron
a parar a la basura y a una esquina
de cartonero.

mi fuerte es el tiempo y la notable
configuracion de tus palabras
ya no existen, quizas prosiguen
en una vuelta carnero.

hoy ya mis manos
son frias a tu tacto...

tomate un pacto con tu nuevo hijo
y marido, riete en estas rimas
que dejan de serlas cuando uno
las imagina.




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viernes, 16 de noviembre de 2007

Arquitecto de barajas

El arquitecto de las barajas
En pareja intensidad pinto su dormitorio en un negro noche, noche de esas veraniegas donde uno puede alcanzar las estrellas con la vista miope y se pone a jugar con la geometría descriptiva buscando monstruos o ángeles pegados con UHU y papel celofán. Lo hizo en un despertar desequilibrado por un sueño profundo que ahogo sus caderas con las contracciones constantes del frió y unos veinte puchos de desvelo que inundaban el dormitorio con olor a Lucky. Tomo una brocha como lo hace cuando hace el amor con su mujer de momento, salvaje, intenso, sin motivación final, inventando una selva donde su rol era el de sobrevivir a sus ideas que mutaban como los ladrillos galopados por las manos que perdieron el sentido al tacto, ciego y versátil. Hizo desaparecer los límites funcionales de los objetos que flotaban, en su movimiento de evitar ser alcanzados por la pintura black, inventando quizás nuevas formas de apoyo y rompiendo el Momento Físico.
Tomo una tijera y desfiguro en rectángulos los cerramientos verticales y horizontales del dormitorio, lo hizo en varios tamaños siempre compitiendo con el aburrimiento de las formas clásicas, desprovisto de cualquier rigidez intelectual o emocional. Liberado de los estorbos de las fidelidades, de los códigos de comportamientos estrictos, era la disolución del ser, incrusto dibujos consecuentes a sus animales de ropero y burdel, recordó las imágenes urbanas de personas como entes arquitectónicos, porque la arquitectura es una de las artes que es impuesta sin mucho preámbulo, como las personas que se cruzan en nuestros caminos y retumban nuestras horas de baño y sueño.
Desfiguro el formato del juego, soltando una risa con tono político y antiburrocrático, recordó a la vez la eterna soledad de sus ganas de compartir sus fantasías, de los desamores que tocaron el fondo de sus moléculas y que tal vez destruyeron sus normas clásicas de amar.
Anticipo la disciplina del que algo que no es, pero que puede llegar hacer, típico de ilusos como el y encendió un cigarrillo, el veintiún, mientras el humo se mezclaba con la visualización de su producción pictorica, -si estuvieses aquí pensó en voz alta-, casi con la fuerza de tono de sus conversaciones solitarias de entre yo vs. yo y supuso que su locura se canalizo en forma de arte por las paredes desmaterializadas de su dormitorio, creo su espacio y contribuyo a la arquitectura mental de conceptos posmodernistas.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Te acaricio el cabellos intentando captúralos entre mis dedos finos mientras pronuncio como te deseo, me acerco a ti en una vertiente milimétrica colocando mi pierna entre las tuyas y compartiendo el mismo aire, lo hago contra la pared que debido a la presión cede un poco y se desplaza todo el dormitorio, mientras abro tus brazos entre mis dedos y los separo de tu cuerpo, atajándolos fuerte mientras rozo mis mejillas con las tuyas en movimientos verticales y horizontales, lentamente hasta marcarnos el rostro, lo recorro con mi boca, húmeda recorre por partes tus labios, mientras presiono mi dientes en la ultima parte del labio inferior... estirándolos hacia mi, lo hago acompañado con mi nariz, desde tu frente hasta esos pequeños lunares que posan inadvertidos, incluyendo tu nariz... y te huelo los ojos pestañas con pestañas..Te invento unos labios de miel donde te bese.. Te desvisto sin prisa pero con torpeza, desnudándote un poquito mas que siempre., sin dejar de besarte, te voy quitando la chomba (así lo imagine, se supone que es tu pijama) mientras sonrojada colocas los brazos hacia arriba dejas con un poco de vergüenza que lo haga, mientras te quito la ropa te rozo los labios por el cuello. mientras te quito el sostén.. mientras lo devoro... rodeándolo.. y dibujando figuras geométricas inexistentes... subiendo de nuevo hasta tu oreja izquierda, el mismo recorrido hasta tu oreja derecha... dejándote escuchar el susurro de mi respiración acalorada ...hasta que seas solo piel...hundo las puntas de mis dedos en tu espalda presionando hasta llegar debajo de tu piel... te muerdo el hombro, voy de hombro a hombro... pasando mi boca por cada hueso de tu clavícula, descubriendo otros. Hasta formar una línea zigzagueante tacita... lo hago por todo el dormitorio
Te transporto a la cama, y te acuesto sobre las sabanas sin soltar tu boca, tomo tu cuello con una mano..y araño sutilmente tus brazos hasta tus manos.. dejo que nuestras piernas se enreden en un bosque infinito y tácito…y nuestros pies se besen en estiramientos guiados por mi muslo... de unos movimientos pendulares y sin permiso, dibujo con mi nariz el contexto de tus pechos sin tocarlos, recorro cada rincón de tus costillas estirándote la epidermis con la boca , cuando llego a tu ombligo, y lo muerdo, lo voy soplando a su alrededor.. con un casi contacto... permanente, nos arde la sangre que juega a fluir en un viento liquido de verano siguiendo la energía de Hungarian Rhapsody de Litz que mata el silencio, mientras me deslizo sobre tu espalda desde la nuca hasta tus tobillos.. de norte a sur, de este a oeste... diluyo mi sudor con el tuyo y se hacen uno, hasta la magnitud de un mar de dormitorio, mojados en un paseo irreal de lugares exactos, te marco con ardor la piel, en movimientos de humos y vapores de rotaciones ciegas llenando los espacios vacíos de la cama hasta ir donde convergen tus ojos de orbitas irregulares… Recorro con mi lengua tu vientre explorando cada poro con restos indecisos de presiones escuchando el latir de tu pulso que se pierde en el rubor tenue de la vela blanca que nos espía... muerdo los huesos de tus caderas, y mis manos resbalan por cada parte de tu torso mientras tus pies tiembla de intensidad. Destrozo los soportes de hierro de la cama hasta llegar al piso, en interminables repeticiones entrecortadas con innombrables sensaciones acariciándote la risa y los gemidos encontrados en infinitas formas y poses inventadas en el dormitorio. Sin instrucciones claras.
Llegamos a la quietud de los movimientos y ...

Te visto solo con mi cuerpo mientras te abrazo en un despertar sin tiempo. Y te dicto una fábula con mis ojos de como te amo...
“Tal vez mañana
En tempranas claridades
Te sienta de repente al despertarme.”

viernes, 9 de noviembre de 2007

Recuerdos

Cigarrillo inquieto, indolente
trovas de ayer,
obras del tiempo
Despoblado, espero ver




Transeúntes

Suicida el pie,
demanda al día
Sale corriendo,
se dilapida
Buscando la vía.





Tuyos

Ojos claros
perilla inclinada
manos disecadas,
Tus parajes exactos





Esperando

El mate refrigerado
espera tu vuelta,
La tonadilla, un después
tu compañía al andurrial



Tu afluencia

El marco deslumbró
el cruce de tus aristas
Conmigo dentro,
me convertí en cronista.











































Gritona

Grita la luna
¡Cállate la boca!
Grita tu ausencia
¡muerte a tu voz!.












































Eficaz

Tribu ausente
Individuo tectónico
Partes elementales
Tuerca humana
Asesino de tiempo

























































































Fantasmagórico

¡Plas!, ¡plas!,¡plas!
¡Que insuficiencia de vocablos!,
el folio arde y el fantasma, sonríe












































Títulos de hoy (resumen)

Recuerdos transeúntes
Tuyos, esperando
Tu afluencia,
Gritona y eficaz,
Mi Alimento fantasmagórico

lunes, 5 de noviembre de 2007

Una mañana cualquiera

Mañana Cualquiera

El día empezaba temprano con el canturreo del personal del aserradero que se ubicaba detrás de la casa, sus maquinas difuntas aun, desaceitadas y llenas de hollín proponían el inicio un día laboral normal. Solía observarlos desde mi ventana cuando pesaba la visualización de que formarían una flota de piratas queriendo invadirme con sus garras y filosas hojas de acero, con sus cables jugando a ser lazos, tomando como botín mis ultimas palabras pronunciadas en al noche anterior y tal vez la venidera. Sonreía después de imaginarme eso y discrepaba mi equilibrio mental repitiendo movimientos consecuentes de un lado para el otro con la cabeza, que adornada de cabellos encerados por la almohada entonando su veneración hacia el techo; no ayudaban a verme muy lucido, bueno, que se podía esperar si eran las 6 am de un lunes; tan vulgar como exitoso me sentía. Como dormía con ropa puesta no había necesidad de mirar al ropero que tendía a ser un caos de transito en horas pico de alguna ciudad jugando a ser cosmopolita. Paseaba en el dormitorio buscando algún que otro freno a mi ansiedad e imitando una defensa para la invasión de los piratas-obreros del ese barrio.
Obviaba la voz de Humberto Rubin que comentaba sus malos chistes matutinos en la radio, y así quizás ganarse la sonrisa hipócrita de algún radioescucha, el ruido de la Pc se propagaba por las paredes del dormitorio, hasta perderse en tejuelon lleno de telarañas y sueños, a veces pensaba que carajo hacia escuchándolo? -después me motivaba la idea de que quizás ya estaba domesticado a su voz, ya casi como 5 años que lo hacia sin darme cuenta de ello, el equipo de sonido Philips tenia ya sus años, y un personaje de radio estaba dentro de el mas de lo que debía.
Atropellaba el marco de la puerta con un zigzagueante salto para huir del metro cuadrado con olor a dormida, jugaba a ser línea mientras me proyectaba entre el pasillo largo y profundo, siempre paralelo a mi propio temor de colapsar con la pared donde terminaba. Justamente allí, posaba un espejo empolvado donde mi figura se parecía mas a una gran mancha sucia en su superficie mas que una proyección humana.

Mientras desayunaba tomaba el pan y lo aplastaba, me daba cierta satisfacción y placer hacerlo, se convertía en un ritual sin fundamentos étnicos ni religiosos, pero contenían esa importancia, observaba al café diluirse en el agua ardiente sin despedida, era una de esas historias de amor donde dos en realidad se vuelven uno, como siempre, me salía amargo, como el amor. Todo tiende a tener el mismo significado con esos pensamientos perpetuos. El ritual se prolongaba cuando tomaba uno de los frascos de café, cocido u otro que contenga etiqueta alguna, recorría sus términos y elementos, sus combinaciones químicas y alguna que otra ventanita de información al usuario, entendía el 20% de lo escrito, pero me sometía a la aventura de conocer lo que ingresaba en mi organismo. Sonreía con falsedad. Como lo hacen los sabios contemporáneos, que creen saberlo todo, mientras no se despegan de la TV y la computadora personal y piensan que porque tienen mil libros en su biblioteca personal saben mas que Google.
Mi tiempo espacial en la mesa era escaso, anteriormente lo prolongaba mas, cuando ella estaba conmigo, es que me daba cierto gozo observarla con su camisón de florcitas diminutas turquesas, mientras preparaba su mate amargo y dispersaba en el aire su voz de porteña arrepentida, intentando hilar una conversación, era una amante del mar, así que mi tierra mediterránea no era lugar para ella, y quien soy yo para que deje de amar al mar.
Levantaba la vista y volvía al mismo sendero del dormitorio, repitiendo el paseo de la ida, pasaba enfrente a la ventana desnuda y cerraba las persianas, dejando atrás al aserradero, a los obreros, a las voces y sumergiéndome en mi sueño.

soledad

Sentada sin lugar, hacia música
que inventaba un silencio
mas allá de lo audible,
permanecía quieta en su destello.

Su guitarra, su instrumento
que a su contacto exultaba
los misteriosos marasmos
de mil noches y un infierno

quizás, sus pasos son los que
abrazaban al mar, en medio del trueno,
de un desapercibido que profano el cielo.

Y Embriaga su vientre contra esa guitarra,
mientras reproduce su sueño y nos va leyendo un cuento,
donde sus manos relucen bajo la dulzura
del ultimo intento, cuando las cuerdas danzan
en el vacío del murmullo de recuentos.

el sonido era como el árbol
exponiéndose al viento, como el
hilo de un cometa que se enredó al aire
y que nunca llego al suelo.

Deja una frase abierta que va tragando nubes
Mientras su obsesión dejo de ser la orilla, para alejarse
En su imaginaria y noble travesía.